
Que tal amigas y amigos, como siempre les diré que es un placer el poder saludarles tal y como lo he venido haciendo a lo largo de estas semanas, aprovecho la ocasión para agradecerles sus comentarios, sugerencias y por qué no he de decirlo, también recibo con agrado las observaciones que me han hecho llegar ya que estoy convencida que es la única manera de mejorar y superarme, gracias.
Las circunstancias climatológicas me obligan de una manera sutil a cambiar el giro de la editorial, pero como decía mi abuela “hay más tiempo que vida” y he de agregar aquella frase que siempre escuche sobre todo en tiempo de exámenes escolares ya que nunca me distinguí por ser alumna de diez la verdad, mi máxima era un ¡siete! y me consolaba el saber que “después de la tempestad, viene la calma”, y para ese rumbo voy.
Hace seis años y unos diitas, Q. Roo se preparaba para recibir la llegada del huracán Wilma, de alguna manera me toco vivir a larga distancia la presencia de este fenómeno meteorológico, y aunque muchos en su momento opinaron la fortuna que tuve de estar lejos del ojo del huracán, pero la angustia y desesperación me atrevo a asegurar que es peor, ya que éstas nos llevan en ocasiones a tomar decisiones precipitadas y no suelen ser las mejores.
Recuerdo nuestra permanencia por más de doce horas en el aeropuerto esperando un vuelo que nos llevaría a la ciudad de México ya que a Cancún estaban cancelados, después de una tortuosa espera pudimos tomar otro avión que nos llevo a la ciudad de Mérida y de ahí en una camioneta (la cual por cierto se desvíelo), dimos continuidad a nuestro retorno que se convirtió en una verdadera travesía que duro ¡once horas! y finalmente llegar a nuestro destino.
El paso de Wilma por Cancún había dejado estragos y deterioros que solo el tiempo pudo sanar, la ciudad sin luz, llena de agua, arboles y letreros regados por todas partes, baches y muchos postes caídos generaban un clima de desolación, y al obscurecer me daba la impresión de que la ciudad entera vivía una noche de brujas.
Al paso de los días observe, la presencia de las autoridades, juntos los tres niveles de gobiernos llevando a cabo una tarea en equipo, sumados a ellos también pude observar una sociedad participativa, diligente, organizada pero sobre todo con muchas ganas de sacar a Cancún y a todo el norte de Q. Roo adelante.
No fue un asunto menor salir a la carretera rumbo a playa del Carmen, era fácil observar la fila interminable de postes de concreto caídos y espectaculares obstruyendo el paso. El despliegue de trabajadores del servicio eléctrico, teléfonos, ejército, la marina y particulares en ningún momento bajaron la guardia, siempre se privilegio el optimismo y las ganas de levantar la ciudad, restablecer los servicios, recuperar nuestro polo turístico en la medida de nuestras fuerzas.
Hoy la naturaleza vuelve asomar el rostro a Q. Roo, como también lo ha hecho en tantas partes del mundo, tal vez nos éste pidiendo que pensemos antes de actuar, que estamos destruyendo bancos de arena y corales que siempre habían sido barreras naturales, estamos talando de manera indiscriminada los bosques y estamos lastimando los mantos friáticos y humedales que tienen una razón de ser y estar en la naturaleza ecológica, seguimos construyendo sin respetar los límites mínimos e playa, estamos consiguiendo que las especies marinas y de animalitos de los bosques y selvas mueran o abandonen su hábitat, y todo esto por nuestra avaricia la falta de previsión y cuidado a la naturaleza.
¿Qué nos pasa?, se nos olvida que todo tiene que tener un justo equilibrio, muchos pensamos que los huracanes azotan la región por lo menos cada veinte años, craso error, los fenómenos del niño y la niña han generado variantes en la naturaleza, como en el caso de Tabasco, que año con año sufre los estragos de la lluvia y el desbordamiento de los ríos y hasta hoy no ha sido posible darle una buena solución; que no suceda esto en Q. Roo.
Nosotros somos poseedores de una de una gran enseñanza hemos vivido estos enojos de la naturaleza desde el huracán Janet en 1955 que azoto sin clemencia la capital del estado Chetumal y le han seguido Gilberto, Emily, Stan, Wilma, Dean y hoy es Rina, seguramente seguirán visitándonos y es posible que con mayor frecuencia, pero lo importante es que como sociedad enfrentemos estos fenómenos con temple y responsabilidad, evitando tirar basura en la calle, no hacer compras de pánico, manejar con prudencia, evitar salir a la calle si no hay para qué, en fin todos ya sabemos lo que tenemos que hacer solo ¡hagámoslo!.
Pero sobre todo cuidemos la ¡Naturaleza!… tal vez eso sea lo que nos pide a través de los huracanes, escuchémosla, protejámosla, finalmente ella nos ha dado el cobijo para estar aquí.
Hasta la próxima soy su amiga Patricia Sánchez Carrillo.
















